Escribir para el oído: cómo preparar un guion de locución

Un texto escrito para leer y un texto escrito para oír se parecen poco. En papel, el lector puede volver atrás, saltarse una frase o releer un número. En una locución no hay retroceso: lo que se dice una vez tiene que entenderse a la primera.
Frases que caben en un aliento
Si tienes que respirar a mitad de frase, es demasiado larga. Una buena regla es que ninguna frase pase de veinte o veinticinco palabras, y que las ideas importantes ocupen frases todavía más cortas. Las subordinadas encadenadas son el enemigo número uno de cualquier locutor.
Los números, redondeados
«El 37,4 % de los hogares» se oye mal y se olvida pronto. «Algo más de uno de cada tres hogares» se entiende al vuelo. Reserva las cifras exactas para la pantalla o para el texto de apoyo.
Palabras que tropiezan
Las siglas, los nombres extranjeros y las series de palabras con sonidos parecidos («tres tristes tigres» es solo el ejemplo famoso) complican la lectura. Marca en el guion cómo se pronuncian y pregunta al cliente si no estás seguro. Las siglas, mejor deletreadas con guiones: E-B-U, y no EBU.
Ensayar en voz alta
La prueba definitiva es leer el texto en voz alta con un cronómetro. Si te trabas, el locutor también se trabará. Una cuña de treinta segundos admite unas setenta u ochenta palabras; una de veinte, unas cincuenta. Si el texto sobrepasa esas cifras, hay que cortar, y no acelerar.
Dejar sitio al silencio
Las pausas también comunican. Una pausa de medio segundo antes de la frase clave consigue más atención que cualquier adjetivo. En nuestra sesión de locución dedicamos los primeros diez minutos a repasar el guion con el cliente y marcar esas pausas en el papel.